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Sant Jordi ‘14

Este año, como cada año, el 23 de abril fue Sant Jordi en Cataluña.

Este Sant Jordi por un lado ha sido especial, por otro sin embargo ha resultado algo estrepitoso y algo cansado. Sobretodo por los estornudos (Risas).

En fin, sin entrar en muchos detalles, no pude comprarle el libro a mi pareja, y sin embargo recibí mi rosa. Lo interesante de esta ecuación es que ni me gustan las rosas (las odio) y además en exceso me dan alergia.

Lo que intento decir, es que, me ha puesto triste de que no pudiera haber igualdad, ya que yo recibí mi regalo, pero mi pobre novio no. ):

He de admitir, que el principio de la mañana fue muy bien, ya que en el viaje de ida a Barcelona, conocí a una pareja de señores, muy amables, el señor amante de los perros, y la señora añorando y contándome anécdotas de sus hijas, que viven en el extranjero. Por lo que a mí respecta, el viaje fue muy agradecido.

Eso sí, una vez acabé con mi faena en Barcelona, pude quedar con mi querido amigo AL y disfrutar de un día horriblemente estresante, no por él, pobrecito, que acababa de volver de viaje, y aunque no pudiera explicarme gran cosa, al menos disfrutamos de un rato charlando, y sobretodo, disfrutando de la comida del Hanagin (restaurante, que, si pasáis por Barcelona, lo recomiendo muy fuertemente) pero estresante porque había demasiada gente, y la gente me agobia. Eso sin contar que me pisaron y me chafaron las rosas (risas).

Pero una vez de vuelva a casa, me encuentro a una señora, de apariencia delicada, melancólica… De modo que me dedico a hablar con ella ya que su viaje era hasta casi la última parada del tren.

Y antes de marcharme, le regalé una rosa, ya que llevaba dos, y según me informó la ancianita, su marido había fallecido, y su hijo le había regalado a su mujer y a su hija. Pero no a su madre.

Lo que me resultó muy feo, ya que yo justamente le llevaba, no una, si no DOS a la madre de mi novio, que además de haber criado al hombre que me hace feliz, es muy buena conmigo, y me ceba (risas) con empanadas caseras y además delicias culinarias.

De modo que igualmente como la madre de mi novio se llevaría su rosita, le regalé una a una completa desconocida. ¿Que por qué? Pues, porque me haría feliz. La veía apagadita, y al regalarle esa rosa, se puso muy contenta, sonreía y le brillaban los ojitos.

Así que hice feliz a una completa extraña, pero ya sentía que tenía el día ganado.

Y finalmente, pero no menos importante, le regalé la rosa a la persona a la que realmente tenía planificado regalar.

Y su reacción, fue muy positiva, se emocionó, y en seguida la puso en agua.

Esa fue la acción número dos que necesitaba para sentir que había ganado el día.

La moraleja de todo esto, es que está bien cuidar de los tuyos (o en mi caso no tan míos, pero como si lo fueran), pero si puedes hacer algo para los demás, por muy insignificante que te resulte, adelante, no hará ningún mal a nadie, tan sólo harás feliz a una persona, y te sentirás muy, pero que muy bien.

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